Por qué no dibujan mis estudiantes – Capítulo 1: el profesor divergente-exigente

Hoy, estando ad portas de la duodécima edición del curso de dibujo que iniciamos hace más de seis años con mi colega, maestro y amigo Jairo Leal, Conbo[1], he decidido iniciar lo que, espero, sea una serie de textos sobre el dibujar producto de lo visto en estos ocho años y pico que llevo haciendo de profesor de diseño industrial.

No me enredaré repitiendo las consabidas razones que dan importancia al dibujo en esta profesión, pues a la hora de ver tanto estudiante que no raya no puedo más que considerarlas insuficientes. Por eso me daré a la tarea de contarles mi primera hipótesis acerca de por qué la gran mayoría de los estudiantes que han pasado por mi aula no dibujan: les da pena no hacerlo tan bien como creen deberían ser capaces de hacerlo.

Pero no se me confundan. Esto no se trata de excusar los rayones ininteligibles de muchos, ahí sí, sinvergüenzas; tampoco es un tratado de psicología para superar traumas y liberarse de sus conflictos sin haberles hecho frente —como sabrán algunos, creo más en el habitarlos—; ni mucho menos los voy a coachear para convencerlos de que son capaces de hacer lo que realmente no; ¡nononononó! Es más bien un llamado, por un lado a los estudiantes, a habitar ese conflicto y evitar esa pandémica idea de que “yo no dibujo porque yo soy el de las ideas” o la no menos dañina de “es que yo prefiero otros medios” —como si quien dibujara con destreza optara por no hacerlo—; y por el otro, a mis colegas docentes porque si bien en la mayoría veo consenso sobre la importancia de dibujar, sospecho que en algunas prácticas pedagógicas y proyectuales queda en evidencia que no sabemos cómo es que funciona el asunto.

En esta primera entrega, hablaré de una de las tipologías de docente que he identificado y que opté por llamar el profesor divergente-exigente. Se le identifica con facilidad pues para la primera entrega de alternativas de cualquier taller de diseño diría algo así: “Entonces para la siguiente sesión me traen veinte propuestas —o treinta o cincuenta—cada una con secuencias de uso, paquete tecnológico, somatografías, al menos cinco detalles, ciclo de vida de producto, tabla de materiales y de pedido, muestra de colores, despiece y planos técnicos, ¡y no se quejen que cuando se gradúen ahí sí que no van a dormir!”. No sé si les resulte familiar —“le pasó al amigo de un amigo” —. Yo lo escuché al menos una vez por semestre y por eso lo repetí siendo docente —yo sé, yo sé que ustedes nunca, colegas—. No me juzguen. Es que eso de parecer exigente, así uno no sepa lo que dice, es muy seductor.

En este caso, el docente ignora que el tipo de bocetación va cambiando conforme el proyecto avanza. Erik Olofsson y Klara Sjölén del Umeå Institute of Design proponen cuatro tipos de bocetación que son las que más uso a la hora de rayar y de enseñar. Dos para la fase de ideación: bocetación informativa, que ayuda a estructurar y entender el problema, y la exploratoria que, como su nombre indica, propone divagar por una gran variedad de posibles vías de solución del problema. Estas dos son masivas, de gran producción en número antes que en calidad y detalle —es el momento de hacer garabatos o doodles—, y de allí deriva lo que se conoce como bocetos clave —key sketches—, aquellos que sugieren alternativas atractivas para, ahí sí, entrar en detalle. La tercera, que es la bocetación explicativa, aclara función, forma, uso y estructura de dichos bocetos clave —o de otros que aparezcan en el camino; no es excluyente— y es de carácter neutral, es decir, no procura inclinar al equipo de diseño, del cliente o del usuario, por alguna con el fin de procurar algún margen de objetividad —si es que eso fuera posible—. Por último está la persuasiva, en la que, ahí sí, sale uno con todas las herramientas posibles a convencer, pues usualmente sólo es una propuesta: la que uno considera es la idónea.

IMG_9401

¿Un vehículo? No. Acá sólo estaba explorando posibilidades de movimiento de la estructura del mismo para conseguir lo que me interesaba: un vehículo que cambiara de tamaño acorde con la demanda. Meros garabatos.

Es decir, el profesor exigente-divergente quisiera ver la producción masiva de las dos primeras fases con el detalle de la tercera —y en algunos casos, de la cuarta—, cuestión que no sólo afecta los ciclos de sueño de los estudiantes —ja— sino que —y sobre todo— acaba con un proceso fundamental a la hora de construir cultura de dibujo en el diseño industrial: le impide al diseñador en formación que tenga momentos en los que converse con él mismo mediante el dibujo, explotando el valor del garabato, sin que esto le resulte incómodo —a él o al profesor—. Eso es lo que llamo bocetación íntima y la considero esencial para, primero, tener fases de divergencia nutridas y reflexivas, y segundo, para sentar bases que le permitan al estudiante tener confianza, tanto en su trazo como en sus ideas, a la hora de pasar a la etapa de rayar para comunicar a un tercero.

concepto expansión base

Acá otra instancia de exploración, esta vez pensando en cómo podría expandirse el chasis. ¿Vehículo? Aún no, pero siempre aparecen anotaciones y preguntas sobre lo que uno está rayando.

 

A los colegas exigentes-divergentes, como fui yo alguna vez, déjenlos rayar sin que tengan la obligación de comunicar en primera instancia. Eso sí, despáchense en cantidad en la divergencia —cincuenta son poquitos garabatos; ¡que sean centenares!— y pídanles reflexión, anotaciones junto a los rayones, referencias a productos y diseñadores que tengan en mente, ¡que conversen con ellos mismos mediante papel y bic! Y a los estudiantes, susmercedes, sé bien que muchas veces lo prioritario es cumplir, pero dense la licencia de garabatear siempre, ya sea con presión o sin ella. Conversen con ustedes mismos y háganlo en físico. Déjense de ideas pingas, como diría mi señora madre, como esas de que “ando acá pensando alternativas” mientras encarnan el síndrome del papel en blanco.

lámina working process

Y todo lo anterior, a fin de cuentas, no se usó. Terminamos desarrollando este de acá abajo que ni se expande ni se contrae (lo sé, yo también me siento tibio y cobarde y aburrido con esa decisión). Pero de eso se trata la garabateadera.

[1] Conbo se escribe con ene porque es de conceptualización y bocetación de producto, por si las dudas, y su duodécima edición será entre el 5 y el 15 de diciembre de 2017. Toda la información escribiendo a creatorista@gmail.com

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