Los horrores de un evento en psicología positiva

Hace exactamente un mes la Fundación Telefónica llevó acabo un foro de expertos en psicología positiva. Escuchando el registro me encontré con un par de cuestiones que considero urgente discutir.

La primera, porque es común a estos escenarios de emocionalismo ferviente, consiste en la altivez con que estos expertos insisten en que la episteme, cuando científica, no es controlable por la ideología. Con convencimiento de coach, los panelistas se turnan para hacer la consabida salvedad: “¡esto es ciencia y por eso hay que creerle!” Lo dijo en sus palabras en la introducción el vicerrector del Gimnasio Moderno, Juan Sebastián Hoyos, y al final lo repitió el happiness trainer — ¡hágame el favor! — y cofundador de una organización llamada PILife, Samuel Arias. Lo tienen que decir porque es una ecuación de efectividad comprobada: una dosis de positividad, en medio del hastío cotidiano que produce esta sociedad, es mucho más poderosa cuando se cimenta sobre la creencia popular en las ciencias —porque por más racionales que las queramos siempre depositamos fe en ellas—. Pero su premisa es ingenua: por defecto, la episteme subyace a la ideología y, en caso de querer lograr un resultado diferente, el científico —o quien recite sus papers de memoria— cuando menos tendría que propender por dar cuenta de la ideología que le rige.

La historia de la modernidad está llena de casos en que la anhelada objetividad científica fue arrasada por la ideología: la eugenecia Nazi y los estudios racistas de The Army War College son apenas un par. ¿Que eran casos extremos y por eso los podemos ver? No. Los vemos porque alguien ya los develó para nosotros. ¿Qué eran otros tiempos, que ahora la ciencia es libre? Tampoco. Incurriríamos en el mismo error que nuestros expertos. Cada momento histórico, cada contexto, tiene su ideología. Por eso ver la que nos gobierna hoy es muy importante pero lograrlo implicaría un gran esfuerzo… si es que nos interesara.

Desde luego, en espacios de euforia optimista como estos eso no resulta conveniente. ¿Por qué? Simple: nuestra ideología, la dominante, es la neoliberal, la de esa meritocracia del esfuerzo individual que deriva del sueño americano; la que promueve la persecución del éxito y la felicidad sin problematizarlas ni revisarlas éticamente; la del manejo de las emociones ya sea para no afectar mi productividad o, por el contrario, para producir mucho más; la de cumplir sueños y vivir pasiones también individuales. Por eso cada fórmula para la felicidad que muestran pareciera tener sentido en nuestras vidas, pero lo que da sentido a esos estudios no es el modo de producir conocimiento de la ciencia sino la idoneidad que el neoliberalismo encontró, tanto en estudios serios como en habladurías del mundo del pensamiento positivo —que, para efectos económicos, los segundos incluyen a los primeros—, para potenciar su proyecto de individualización y privatización. Ya lo dijo con gracia esquizofrénica Žižek: el capitalismo sabe voltear a su favor aquellas cosas que pudieran ponerle en riesgo.

La segunda, tan preocupante como la primera pero por fuera de mis expectativas, sucedió cuando el experto vicerrector del Gimnasio Moderno dejó una idea peligrosa en el aire acerca del pensamiento crítico. Dijo —con la tibia irresponsabilidad de quien, sabiendo que pisa terreno desconocido, debe mostrarse valiente para sus seguidores— que si bien el pensamiento crítico es importante en la educación, se debe a éste que estemos formando “a las personas, a los niños, a ver lo malo en los otros, a ver en qué están fallando, en qué es débil su argumento, en qué es débil su posición”.

Que esto suceda en medio de un pánel de expertos en educación sin que alguno lo objete o exija aclaración alguna es delicado —invitaría uno a los organizadores a preguntarse al respecto, pero las grandes corporaciones no se enredan en esas minucias—. Es una situación que, cuando menos, termina por demostrar que concentrarse en ver lo bueno en los otros —propuesta del vicerrector que incluye ¡hacer que los profesores de literatura hagan que los niños se preocupen más por ver las virtudes de los personajes! Es decir, un arte más a la lista de instrumentalizados—, es otra forma de ceguera. Porque, señor vicerrector —y señores expertos—, el pensamiento crítico no forma el hábito de ver sólo lo malo en los otros ni la incapacidad de ver lo bueno —¿no es eso, más bien, manifestación de la criticonería propia de una idiosincracia carente de formación en pensamiento crítico?—. De hecho es todo lo contrario: la procura de la ecuanimidad de juicio en aras de revisar las verdades que nadie discute. Sus palabras son muy peligrosas no sólo por nuestro contexto en el que los políticos tienden a deslegitimar, aplaudidos por los seguidores, al crítico que es agudo en sus observaciones diciendo que son antipatriotas o terroristas, sino también porque vienen de alguien que está respaldado por una institución que, esté uno o no de acuerdo, goza de tradición en materia política.

Que la psicología positiva es una ciencia, no hay duda. Que sus hallazgos son útiles, desde luego. Pero que en su nombre se propongan currículos centrados en esa nueva ceguera de la virtud es francamente inconveniente. Porque el problema que acá señalo, propio de toda episteme, es el de la complejidad con que queramos entender el mundo en que esos concimientos se ponen en práctica. De ahí el peligro de estos eventos: mucha gente —ahí sí sin pensamiento crítico— emocionada por los estudios de la “ciencia del bienestar”, ávida de salir a replicar estas herramientas sin sospecha alguna, en un país en el que los pocos que han formado pensamiento crítico terminan asesinados por los políticos de siempre o viviendo como parias señalados de tener por profesión llevar la contraria.

Al final del evento, por suerte, una pregunta del público formulada por Laura Borda, quien lleva un buen tiempo revisando críticamente el tema de la educación socioemocional, puso por fin algo de tensión en los congraciados panelistas: “Todo esto de la psicología positiva en las manos equivocadas puede ser muy peligroso” pues “puede ser una estrategia de manipulación muy efectiva. ¿Cómo hace uno para que el tema de la gestión propia de las emociones (…) no me ponga en peligro frente a un papá tirano, un profesor tirano, un jefe tirano, un gobernante tirano? (…) ¿Cómo hace uno sin el pensamiento crítico?” Algún panelista sensato dijo “no lo había visto así” —curiosamente los coaches nunca lo ven por el lado político—, pero su compañero hapiness trainer, inmerso en esa ignorancia platónica, resaltó su punto, esta vez con vehemencia: “¡es que esto es una ciencia!”.

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4 thoughts on “Los horrores de un evento en psicología positiva

  1. Buenos días. Ha descrito usted en su post una preocupante y, por desgracia, habitual situación en el marco de los eventos hoy. Soy psicólogo, me dedico a la psicología clinica y también me he formado como especialista en psicología positiva. El pensamiento positivo y la opinión de ese “experto” sobre el pensamiento crítico o las afirmaciones de esos invitados sobre que “es ciencia” para confirmar sus argumentos, les descalifica como profesionales y nos deja en mal lugar a quienes tenemos la costumbre de trabajar desde modelos basados en la evidencia. Llevo muchos años utilizando herramientas de la psicología positiva, tanto con pacientes (y no siempre ni en todos los casos) como en formaciones. Y suelo hacer distinciones entre lo que señalan los estudios (y cito aquellos que están validados y han sido sometidos a doble ciego), mi experiencia profesional (basada en mis años de praxis) y mis opiniones (donde las ideas y la ideología, tienen más peso). Me apena que esta mala experiencia que han tenido les lleve a la conclusión errónea de que toda la psicología positiva (especialmente en el ámbito académico y la que practican psicólogos realmente formados y supervisados ) esta sujeta a la ideología neoliberal que promueve el individualismo. Muchos estudios están centrados están centrados en variables sistémicas, grupales, sociales y culturales, pero es curioso que los gurús que son invitados a estos eventos nunca los mencionen. No puedo abarcar todo el conocimiento (al fin y al cabo soy humano y por tanto falible) pero si considero que conozco a muchistes profesionales de la psicología positiva en España, algunos europeos y también americanos; sin embargo, no reconozco a ninguno de los ponentes que ha mencionado. Seguro que es por mi ignorancia, pero me parece curioso que no se invite a estos foros a personas representativas del mundo academico (investigadores de universidades), miembros de la Sociedad Española de Psicología Positiva o de la International Positive Psychology Assotiation, o bien profesionales cuya experiencia sea realmente contrastable. Espero que mi comentario sea recibido de forma constructiva. Esa ha sido mi intención. Un saludo

    1. Mil gracias por el comentario, Tony.

      Sus precisiones son bien recibidas. Es grato saber de casos en los que quienes ejercen la ciencia sean conscientes de las múltiples dimensiones en que el conocimiento opera (acá en Colombia conozco un par apenas) y le agradecería que me compartiera información sobre dichos casos (charlas, textos académicos, etc.) en que la psicología positiva no estuviera cobijada por el neoliberalismo. Me interesa un montón conocerlas.
      Creo que estamos de acuerdo en que el mencionado acá es un fenómeno real y de amplia difusión; de ahí que no haya sido una mera experiencia la que me llevó a escribir esto sino la recurrencia en los temas y abordajes que he encontrado en estos espacios. Hice un ajuste de estilo en el texto acentuando el peligro que implica mover tantas emociones en nombre de una ciencia esperando que sea más claro. Si embargo no me adentro en las excepciones porque considero que es urgente, en un momento como el nuestro, que haya más dudas que certezas sobre la forma en que se aplican estos conocimientos. Como, según entiendo, usted también ha visto, la tendencia es al contrario: son muchos los que están absolutamente seguros de que la ciencia por defecto está sobre la ideología. Por eso necesitamos mucho más pensamiento crítico que, además, en esencia es autocrítico.
      Ahora, en cuanto a los expertos acá mencionados, no me extraña que no los conozca. Son bastante locales y, hasta donde entiendo, su campo no es la generación de conocimiento sino el de la aplicación de estas retóricas en sus colegios y emprendimientos. Sobre todo en estos últimos, razón por la cual el vínculo con la ideología neoliberal sea tan fuerte.

      Quedo muy agradecido por los comentarios y espero pueda haber más intercambios en adelante.
      Saludos.

  2. Hola de nuevo. Encantado de que tengamos la oportunidad de hacer más intercambios. Estaré encantado de indicarle algunas referencias bibliográficas sobre desarrollos y aplicaciones en el ámbito de la Psicología Positiva. Creo que, igual que señala usted mismo, hace falta utilizar el pensamientos crítico para abordar cualquier teoría o argumento, y que la ausencia de pensamiento crítico lo deja todo en manos de la fé. Y si lo hacemos así, entonces ya no estamos haciendo ciencia. Sin embargo, una cosa es ser crítico y otra empeñarse, como sucede aquí en España también, en señalar a la Psicología Positiva como una versión edulcorada de la ideología neoliberal. Que los primeros planteamientos y teorías tuvieran un sesgo individualista facilita que la crítica anterior siga sosteniéndose; sin embargo, igual que los estudios requieren de revisión continuada, las críticas han de estar sujetas al mismo principio. Leo (ayer mismo sin ir más lejos) críticas desactualizadas, que no tienen en cuenta lo que se ha denominado “La segunda ola” en psicología positiva, que tiene en cuenta variables diferentes, grupales y sistémicas, en el estudio del funcionamiento humano óptimo. Recomiendo la siguiente lectura: http://www.papelesdelpsicologo.es/resumen?pii=2770

    Como psicólogo general sanitario, mi marco profesional me lleva a trabajar con personas de forma individual. En este marco, aunque el sufrimiento de las personas tenga orígenes sistémicos o situacionales, nuestra labor es ayudar a las personas a construir recursos para afrontar dichas situaciones y crear cambios en las formas de pensar, sentir y actuar. Eso no implica que no sea capaz de ver que si las situaciones que crean los sistemas fueran distintas, tal vez ese sufrimiento no existiría como tal. Pero como profesional debo tratar de centrarme en ofrecer soluciones realistas a las personas con quienes trabajo, dotarles de herramientas que les permitan resolver sus problemas y elegir otros caminos que consideren mejores. Y utilizar herramientas de la psicología positiva no me lleva a afirmaciones como “todo saldrá bien”, “sonríe y lo verás todo distinto”, etc. Este tipo de comentarios son, en resumen, algunas de las críticas que sigo leyendo sobre la Psicología Positiva.

    Quedo a su disposición, para cualquier cosa que requiera y seguir debatiendo. Un saludo.

    1. Mil gracias de nuevo, Tony. Leeré lo que me recomienda y lo agradezco de antemano.
      Ahora, con respecto a este comentario, el asunto que es importante señalar acá es que, si bien no desconozco los referentes que usted me da, lo que considero importante resaltar (e insisto, creo, estamos de acuerdo) es que es una realidad lo que pasa en estos escenarios. Importante que haya quienes reivindiquen desde lo profesional lo que sí se hace en rigor de la disciplina y dando cuenta de la ideología, pero ¿no incurriríamos en un error si dejáramos de señalar que estas cosas efectivamente pasan y que, además, lo hagamos haciendo énfasis con respecto a los fenómenos que suceden? Yo soy diseñador industrial y veo todo el tiempo como mis colegas también creen que la ideología dominante no les afecta, que ellos son hijos de la “gerencia”, por ejemplo, que llaman neutral en términos políticos. ¡Y son la mayoría! También conozco quienes practican otros diseño tratando de discutir con lo dominante, pero si bien, como usted, trataría de reivindicarlo, no podría pedir que dejara de señalarse lo que en efecto está sucediendo con mi disciplina.

      Por eso me parece fantástica su reivindicación, pero (y por eso en el texto señalo que no me parece correcto todo lo que se hace en nombre de la psicología positiva) es necesario hacer el llamado ante estos fenómenos que ponen en jaque un trabajo consciente por parte de los profesionales.

      Leeré y le comento. Saludos.

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