De por qué no dibujan nuestros diseñadores (I): el caso Papamóvil

Son varias las personas que me han sugerido vías alternas al escarnio público para hacer más efectivo este tipo de llamados. Tienen razón. Pero como considero esencial revisar el caso a continuación, me excuso con el autor por no haberle hecho llegar esto directamente. En mi defensa diré que es más una carta abierta a la comunidad de diseñadores que tantos me gusta está dispuesta a dar sin echarle cabeza al asunto y que a la larga no está honrando el acto con que, aprovecho para agradecer, sometió su opinión al público.

Esta última semana me ha dado vueltas una crítica publicada días atrás con respecto al golpe que sufrió Bergo — ¿no les antoja tan cercano el tipo como para dejarse de formalidades? — a manos del equipo de ingeniería de diseño de GM-Colmotores y su Papamóvil. Una crítica necesaria —el moretón fue elocuente— y, hasta donde pude abstraer, coherente. Abstraer, digo, porque muchos de los términos usados por el diseñador autor de la crítica no eran precisos y, peor, no eran aclarados desde lo disciplinar al ver la ilustración que los acompañaban. Sin embargo, la publicación detonó casi cuatrocientas interacciones aparentemente hechas, en su mayoría, por diseñadores que estaban de acuerdo con las imprecisas descripciones. Esto, desde luego, me parece sospechoso.

Me pregunto, entonces, si uno puede estar de acuerdo con algo que no se entiende ni por escrito ni como diseño. Como creo que no, asumiré que el acuerdo de ese reguero de interacciones está en el diagnóstico de error de diseño más que en la propuesta. No obstante, me inquieta el que casi nadie se haya detenido en el segundo factor. Esto es como si una comunidad de químicos farmacéuticos presenciara el llamado de un colega que advierte el error de la vacuna que dejó en cama, digamos al Papa, pero al presentar su alternativa esta fuera insuficiente o ininteligible tanto a la luz del lenguaje hablado común a los presentes, como en términos disciplinares. ¿Obviarían la propuesta porque lo importante es la crítica? Lo dudo. Discutirían el paquete entero y creo que igual sucedería en cualquier otra disciplina que se haya tomado en serio.

Como aparentemente los diseñadores de acá no, para empezar pasaré sin detenerme en exceso por la parte escrita, pues es claro que los diseñadores no estudiamos para saber hablar o escribir bien. Sin embargo es un buen ejemplo de cómo las disciplinas han preferido centrarse en lo urgente y han dejado de lado, como lo dijo Íñigo Errejón hablando del caso de la política, “no permitir que la velocidad y los ritmos de la política te hagan dejar de leer. (Leer) nunca es para mañana mismo, pero en el largo plazo se nota la diferencia”. Esta publicación y sus cuatrocientas interacciones muestran esa diferencia.

¿Qué escribió el hombre? Acá su texto (y el vínculo a la publicación):

<<Veamos alguna de las FALENCIAS 
“CERO ergonomías en el “diseño” de:
El asa para el PERSONAJE, al viajar de pie, en el momento de estar en movimiento el rodante. Sin tener en cuenta la estatura del Pasajero, se colocó a una altura que no permite el debido aseguramiento de retención para evitar impactarse el rostro contra el vidrio, colocado inexplicablemente vertical, plano y reflectante. Sin revestimiento anti impactos. 
El Vidrio, peligrosamente instalado a escasos milímetros de la frente del pasajero de Pie. Sin el más minino elemento anti impactos a la altura de rostro y cabeza.

Los burdos parales del marco del vidrio no fueron revestidos de material abollonado blando y colapsible. Las consecuencias de la imprevisión las vio todo el mundo y quedaron grabadas en la afectación del delicado, respetado y venerable rostro del representante del SEÑOR JESÚS en la tierra que desafortunadamente habitan los DISEÑADORES del arma letal.>>

¿Qué opino yo? Obviando las mayúsculas enfáticas que sobran, las que sí hacen falta, los plurales sin cabida y la conflictiva puntuación, lo único que queda es un intento por interpretar. Es claro que denuncia un problema de diseño. Estoy de acuerdo en el diagnóstico sobre la posición y distancia del disipador de aire del pasajero. Creo, eso sí, que ajustarlo ya evitaría lo que el crítico sugiere como “revestimiento anti impacto”, término que me resulta absurdo. Ahora, si bien me gustan los neologismos, el usar términos no registrados sin explicar lo que uno quiere decir, dificulta la comunicación. Así es el caso de los asideros colapsables o colapsibles. Por asociación, entonces, me hace concluir que sugiere deberían colapsar, es decir, que se destruyeran. Esto me antoja sin sentido en la práctica. Por último, si parte de la solución era abollonar los asideros, creo que el crítico tampoco habría llegado a una solución muy sofisticada. Pero nada de lo anterior puede ser sometido a discusión en diseño, pues el escrito, insisto, no es el lenguaje propio de la disciplina, y en la representación de su idea uno queda en el mismo limbo, cuando no peor:

Papamóvil - rediseño Luis Rico 2

Pantallazo de la publicación de la imagen que acompaña el texto.

De mis escasos siete años como docente en dos programas de diseño industrial he sacado muchas conclusiones sobre por qué nuestros estudiantes no dibujan. Algún día escribiré sobre aquéllas, pero hoy le daré vueltas a ésta: nuestros estudiantes no consideran útil el dibujar porque en la cultura profesional promovida por los diseñadores mismos —este caso es manifestación de ésta—, en la que una gran mayoría no dibuja en su práctica cotidiana, prima la idea de que un diseñador tiene tantos campos de acción que siempre encontrará un lugar de trabajo en el que no tenga que rayar. Una idea que, sin demeritar el valor de nuestra cultura del rebusque, deriva más de ésta que de una visión de campo disciplinar. El que consideremos innecsesario el dibujar da pie a este tipo de publicaciones y, sobre todo, a las aceptaciones masivas.

Podríamos darle el beneficio de la duda al autor diciendo que su intención era hacer una representación rápida, un garabato, que no estaba procurando una propuesta, ni mucho menos, pero la verdad es que quien dibuja sabe que el poco tiempo no es excusa para no hacer una representación digna. Ahora, si hiciéramos caso omiso a esto, igual tendríamos que volver a mi pregunta del incio: cuando apoyamos masivamente con nuestros me gusta algo similar, ¿no estamos aceptando que validamos los vacíos de representación?, ¿no estamos asumiendo, como gremio, que eso es normal y que de discutirlo, nos veríamos en la crítica situación de cambiar? Me recuerda una lógica de juicio: cuando todos somos culpables, nadie es culpable. Como pocos dominamos las formas propias de la disciplina, obviémoslo, callemos. La verdad, así haya sido inconscientemente, que me parece todavía más grave, es muy delicado haber mostrado tal aceptación.

Ahora, para ver hasta dónde puede llegar el impacto de este suceso, propongo una pregunta: ¿mostrarían ustedes a un estudiante de diseño esta imagen para ilustrar cómo se  hace una crítica a un diseño? Yo no. Primero porque no considero referente un ejercicio que no hace gala de la potencia disciplinar, pero sobre todo porque es una muestra de lo que muchos docentes tenemos que enfrentar día a día en las aulas. Supongo que ha pasado en diferente medida en otros momentos históricos de la profesión en el país, pero ver la similitud que existe entre las formas de representación de los estudiantes y el caso acá expuesto, hace que esto tenga que ser discutido desde una mirada de campo —ahora, si el crítico es estudiante, aunque no debiera ser justificación, ahí tiene una suerte de comodín para defenderse—. Porque lo visto con este caso es muestra de un diseño retórico que deja en los estudiantes la sensación de que su forma de abordar los proyectos es suficiente, así sus profesores digan lo contrario en procura de reivindicar el oficio. Total, si al salir a ejercer no consiguen un trabajo en el campo, ya vimos que podrán ejercer como youtuber, pues hay un público profesional e incauto que aportará los seguidores.

No puedo decir cuántas de las interacciones venían de diseñadores ni si eran profesionales o estudiantes, pero es peligrosa la falsa e ingenua sensación de victoria de gremio que los estudiantes pueden sentir a raíz del acrítico éxito de esa publicación. ¿O es que de verdad creen que el equipo de ingeniería de diseño de GM-Colmotores se sintió avergonzado, que quedó contra las cuerdas en sus prácticas y saberes al ver esa masa ferviente de interacciones en redes —que realmente no son tantas— que aplaudió esa representación imprecisa de lo que se debió hacer? Yo lo dudo y en este punto es que recae la importancia de tomarnos la disciplina en serio. Si bien manifestar esas críticas masivamente puede ayudarnos a reivindicar el valor del diseño en la sociedad, me antoja que hacerlo de esta manera termina yendo en detrimento del propósito. No podemos regodearnos, ensalzarnos como diseñadores amangualándonos al interior de la disciplina para lanzar piedras incompetentes a una industria que sistemáticamente nos ha negado el acceso a ella, justificándose, probablemente, en las escasas cualidades profesionales que quedan en evidencia cuando enardecemos con expresiones como ésta.

¿Que cómo debió representarse esa crítica? Todos sabemos cómo se representa el diseño de más alta calidad. Los diseñadores talentosos suelen ser poco críticos[1]. Tal vez tenga que ver con que, sabiendo que el camino del éxito les será cómodo y próspero dadas sus habilidades, prefieran el reconocimiento que da gozar de un contrato con un gran letrero a cambio de obediencia, a ejercer una vida de pensamiento crítico. Pero han sabido explotar las formas propias del diseño para consolidar a sus organizaciones en puntos aparentemente intocables para la ética. De ahí que le insista una y otra vez a mis estudiantes, particularmente a aquellos que cargan en su espíritu la venita de la irreverencia, lo importante de tomarse lo disciplinar en serio. Y es a esa insistencia que una situación como ésta le genera ruido, pues sí es de revisar en las entrañas del diseño nacional por qué no dejamos que emerja una cultura de diseño que, en lugar de mirar boquiabierta las habilidades disciplinares de los compatriotas que están ocupando altos cargos en dichas corporaciones, permita afianzar esas habilidades en aquellos que, teniendo la resistencia y la crítica, aún están acá para ver si alguna vez logramos hacerle frente, por una parte a esa industria que nos mantiene al margen de la actividad económica, pero sobre todo a ese monstruo invisible que es la hegemonía de las potencias mundiales, que usan el diseño incesantemente para decirnos cómo debemos ser dejándonos muy poco espacio para pensarnos desde el sur.

Que necesitamos estos espacios de crítica en diseño, sí, pero necesitamos que equiparen el nivel del diseño afirmativo, el de los diseñadores exitosos y obedientes, pues si bien la crítica es fundamental, de no hacerse de forma competente en el marco disciplinar, explorando incluso otras formas de representación tan espectaculares como las dominantes —entre las que sí, está el dibujo de diseño—, estamos destinados a perpetuar los modelos hegemónicos (el de la industria, el del diseño occidental) y sobre todo a ir en detrimento de lo que creemos defender.

[1] Como ya sé que me pedirán no generalizar porque está de moda para sentirse especial, apelaré a lo que propone el creatorista Mateo ante esas situaciones y les solicitaré que, entonces, me ayuden con nombres que cumplan ambos factores, el talentoso y el crítico, a ver si engroso mi lista de refentes.

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s