El instrumento que es Oriente

“Relajar los músculos del dedo meñique del pie derecho y, una vez conseguido, pasar al siguiente”. ¿El anular? ¡Pero cómo se va a llamar anular! En el pie tiene que tener otro nombre. Relajar los músculos del dedo meñique del pie derecho y… ¿por qué empecé por la derecha? ¡Pinche derecha nos tiene jodidos! Relajar los músculos del dedo meñique del pie izquierdo. Izquierdo, Pornomotora: “Soy un enfermo / deshonesto / poco hombre para ti / poco hombre para ti”. Relajar los músculos del dedo meñique del pie izquierdo, tal y como me indicaba Mario, después de entrenamiento de baloncesto. La madera de la cancha no se parece a este colchón. Me estoy hundiendo y no puedo saber si el dedo está relajado. Se supone que debe pesar más. Si me hundo ha de ser porque peso más. ¿Será que hoy sueño algo chévere? Algo debo estar haciendo bien, así que pasaré al anular. Mañana buscaré cómo se llama el anular en el pie. Ahora el corazón. Debo relajarme porque la madrugada estará pesada. Sería rico soñar. Siento el índice del pie izquierdo pesado, como doblándose hacia adelante. Hace rato que no sueño. Bueno, técnicamente uno sueña siempre pero no recuerda. ¿Entonces qué habré soñado en los últimos días? Se entiesó el índice; hay que descolgarlo otra vez. ¡Para qué soñar! Si me despierto, miraré el reloj y veré que me restan dos horas de sueño pero no podré conciliarlo de nuevo. Si logro relajar el pulgar ya habré completado los dedos de un pie. No debería desvelarme pensando en sueños, a la larga no puedo hacer nada con ellos ni para ellos. ¡Siento muy pesado el pie y tengo risa nerviosa! ¿Será que hoy me desdoblo? Tiene más sentido desvelarnos pensando en los otros sueños, los conscientes, a ver si notamos que, básicamente, soñamos lo mismo. ¿Ya estaré relajado? “Con qué sueñan”, preguntaba el profesor de alguna clase que no debía ser de motivación. A ver si puedo relajar el pie derecho. ¡Ah, pregunta pa’ mezquina! ¿Insinuaba que mi presente no valía la pena? ¿Cómo hace uno para saber si el pie está relajado y no engarrotado? Cuando me preguntan por mis sueños me descolocan, me arrebatan el presente. Ya sé: seguro no fui capaz de relajar un pie independiente del otro. Y le preguntan a uno como si realmente les importara los anhelos o metas que hay de este lado. Esto me va a tomar la mitad de las horas de sueño que tengo. Definitivamente, preguntar por los sueños es una forma de corrección política impostada. Si me rasco la nariz, me tiro la relajación de los anulares de los pies. Es una corrección que nos evita el presente, que nos hace imposible evaluar si la vida hoy vale la pena así no más. Es como si tuviera dos pies y un brazo y nada más. Si uno les importara, se tomarían la tarea de preguntarse por qué preguntan por los sueños. ¡Soy un monstruooo! ¿Será que los sueños del sueño también le quitan su lugar al presente? ¡Es verdad! Ahora tengo nariz. Dos pies, una mano y una nariz para rascar. Es triste que, de cuando era niño, sólo recuerde lo que soñaba para mi futuro y no el caracol que, quiero creer, alguna vez me embobé mirando. Dormir debe ser la única forma natural, aunque accidental, en que los occidentales logramos estar en presente. He demostrado que la relajación no sirve para quedarse dormido. El presente y el ser requieren consciencia. Soy consciente: sólo soy pies, mano y nariz que pica. ¿Y si me desdoblo antes de quedarme dormido? Démosle trámite a esto: subamos por las piernas. Ojalá no me desdoble porque detesto sentir que me caigo. Este pantalón es muy ancho en la bota; lo siento amontonado bajo el gemelo derecho. Desdoblarse debe contar como sueño. Mañana voy a tener marcado el pliegue en la pierna. Por supuesto: debe de haber varios tipos de sueños y eso que uno llama desdoblarse ha de estar en la lista. Si hubiera empezado por los gemelos, tal vez los pies se habrían relajado como consecuencia. Igual, no quiero soñar un desdoblamiento; jartísima esa sensación de vacío antes de dormir. El tema es que la teoría dice que debe empezarse desde los extremos e ir avanzando hacia el centro del cuerpo. Esos vacíos me dan taquicardia, como cuando me dispararon. Entonces, tal vez, debí empezar con los dedos de las manos al tiempo con los de los pies. Esa vez fue horrible; no recuerdo peor angustia. No pienso usar anillos nunca; ¿cómo le pongo a ese dedo? No hubo vacío; el sobresalto de entonces fue con el impacto de la bala. Esa idea de relajarse esperando descansar bien así haya pocas horas de sueño me antoja nefasta. Seguramente a la taquicardia también sumó el desgaste de la carrera intentando huir. ¿No es lamentable que haya una maestría en budismo aplicado? Como sea, el disparo alcanzó mi cuerpo y, sobre todo, mis oídos. ¡Ahora, además de tener jefes zen, también los habrá budistas! No recuerdo sangre ni dolor ni por dónde entró la bala; tan sólo era consciente del pitido en los oídos. Ah, sí, verdad que ya no son jefes sino líderes. ¡Cuáles gemelos! Soy sólo oídos. Mero desconcierto, desubicación e incertidumbre. “¿Por qué me pitan los oídos?”, pensé. Soy la mano que no relajé y que necesita saber si ya hay cera que limpiar mañana.

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One thought on “El instrumento que es Oriente

  1. En la mitología medieval escandinava, las nornas son las parcas: Pasado, Presente y Porvenir. ¡Vaya que a Presente le repite en este texto, como si hubiese tenido una norna a sus pies! Ojo que las tres están hechas de tiempo, de ese que ahora existe sólo en sueños porque el destino pareció irse al carajo. ¡Lindo texto!

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