De conos humanos e ingenuidades

La imagen que acompaña este texto no pertenece a los conos humanos de moda, los de El poder del cono. Es de una intervención hecha por allá en abril de 2013 por un colectivo ciudadano del que fui cofundador -ahora estoy retirado-, Agentescultóricos, llamada Enconados.

IMG_0363 pegada

Los conos se ubicaban en línea entre el carril de giro a la izquierda y el carril de velocidad. En cuanto el semáforo de giro cambiaba de rojo a verde, se separaban extendiendo la barrera para que quienes hubieran entorpecido el avance de los que seguirían derecho en su intención de giro, tuvieran que continuar en la vía.

Si bien el parecido con El poder del cono es evidente, es difícil argumentar plagio y tampoco es mi intención. El diseño de acciones -o las acciones de diseño, como las llama el querido diseñador Cesar Sierra- tienen un carácter abierto muchas veces desligado de la intención de explotarlas económicamente -igual es jarto cuando alguien explota las ideas abiertas de otros-. Además, en medio de una globalización hegemónica como la que vivimos, no es difícil imaginarse que surjan ideas idénticas en diferentes lugares del mundo (eso sí, vale recordar que los lugares comunes rara vez son buenas ideas). Sin embargo, al menos por proximidad geográfica, permítanme sospechar de la coincidencia.

Hecha esa aclaración, escribo al respecto porque viendo el aparatoso episodio de esta semana entre los conos empoderados y el motociclista, recordé de aquellos tiempos un incidente similar con una conductora y, por ende, lo en serio que uno debe tomarse la intervención o interacción urbana, de cultura ciudadana sobre todo, cuando a uno le da por salir a la calle.

IMG_0363 triple

Aunque lo importante acá no es el evento, lo explico con relación a la imagen anterior para dar contexto. La señora de la EcoSport trajinada giró desde el carril de velocidad obviando la intervención, pero quedó estancada en el tráfico en el otro sentido. Así, un par de enconados la alcanzó y bloqueó su paso. Ella avanzaba poco a poco contra ellos -les tiraba el carro, diría uno- hasta que los conos se sintieron en riesgo. ¿Cuál fue la reacción del primero de ellos? Sentarse en el capó del carro pensando que así se detendría. Oh sorpresa cuando la señora (que no lo era tanto) aceleró en cuanto vio oportunidad de cruzar entre los demás carros; la reacción del segundo cono, entonces, fue la misma del primero. De ahí que en la tercera imagen se vea una EcoSport plata subiendo a la carrera quinta con dos conos gigantes sobre el motor. Por suerte nadie salió lastimado, caso contrario al actual, pues un megafonazo debe doler hasta con casco.

No puedo dar diagnóstico de lo que sucedió esta vez, pero para comprender lo que pasó puede ser de utilidad una revisión general de la manera en que operaba cuando hacía parte de Agentes. 

1. Lo básico: el protocolo de reacción.
Cada tanto que salíamos a hacer alguna intervención tomábamos en cuenta algo que llamo protocolo de reacción –una suerte de listado de contingencias y la manera en que el equipo debería reaccionar ante éstas- que empíricamente planteé en mis primeros años de docencia con los estudiantes de la Tadeo y Nacional. La razón de ser de éste y además su norma central, es que cuando uno sale a la calle a proponer una interacción social por el estilo, lo primero que debe tener en la cabeza es que los transeúntes no están obligados a aceptarla. De eso trata el espacio público. Pues ese día no nos lo recordamos antes de salir, cosa que era regla. Esa debió ser nuestra falla central aquel día.

2. El tema de la autoridad y el poder.
Luego de un par de años trabajando el tema con mis estudiantes, más que la preocupación por la medición de impacto que siempre me fue exigida en diversos escenarios, empezó a inquietarme su comportamiento en la cotidianidad una vez se quitaban el manto de ciudadanos activos: ¿había cambiado algo en ellos?, ¿ganaban conciencia a la hora de salir a circular en la ciudad o seguían siendo los mismos? “La autoridad, decía Hannah Arendt, es una cuestión de autoría: quien es autor, se constituye como autoridad de lo que ha hecho y esto le da peso a su voz. Nosotros, los colombianos, confundimos con facilidad autoridad con poder“, escribí hace tiempo haciendo referencia a un texto del profesor Mockus. ¿Operaban desde el poder y no desde la autoridad, entonces, mis estudiantes? Y extiendo la pregunta a los conos que se sentaron en aquel capó o el que lanzó el megafonazo. No podría hablar a ciencia cierta de mis estudiantes, pero en los últimos dos casos sospecho que sí (de ahí mi preocupación por el uso indiscriminado del término “empoderar”).

3. El factor problematización.
De regreso al aula de clase, las metodologías en diseño y los ejercicios de conceptualización alrededor de las situaciones que los estudiantes decidían trabajar, ayudaban a comprender un tanto de la complejidad de la interacción a nivel urbano, en el espacio público. Si bien un semestre nunca es suficiente para semejante ejercicio -quienes estudiamos la ciudad gastaremos nuestra vida en la tarea-, el criterio resultaba fortalecido -academia a fin de cuentas- y algo similar trabajábamos en Agentes, al menos hasta que yo estuve. Pero ahora presenciamos una suerte de dictadura de la acción en donde prima hacer antes que el comprender, primero porque los indicadores cuantitativos pesan en todas partes -el pensar no se puede medir-, y segundo porque creemos genuinamente que todo hacer vale más que todo pensar.
De esto debería, cuando menos, resultar una sospecha: ¿no es extraño que luego de tanto actuar sigamos sin ver transformaciones radicales? Pero no. Seguimos creyendo -porque es casi teológico- en la acción. ¡En fin!

En conclusión, no sé hasta qué punto El poder del cono sea un ejercicio estudiado con disciplina -los resultados dejan mucho que desear- tanto desde la formación ciudadana de cada uno de sus miembros, hasta el nivel de problematización del fenómeno que están tratando, pasando por el manejo meramente técnico de protocolos que les permitan reducir riesgos al máximo. Pero sí aprovecho para señalar que en esta suerte de dictadura de la acción, es muy común encontrarse, en donde quiera que se proponga ciudadanía activa, con gran ligereza en los abordajes de los puntos mencionados.

Mi afirmación no puede dar cuenta de todos los colectivos que trabajan los temas, lo sé, pero me atrevo a hacerla general pues hay algo a lo que le temo profundamente: el riesgo que corremos cuando en cada uno de nosotros, de los que trabajamos en ésta u otra área, yace un exceso de confianza en que, mientras los demás se equivocan, soy yo el que lo hace bien. Asomémonos a la ventana: ¿lo ven? En Bogotá todos andamos haciéndolo mal.

Ñapa1: ¿No es chistoso que la alcaldía de la meritocracia, la tecnocracia, la que sólo contrata expertos le venga a pasar esto?

Ñapa2: Entre los comentarios de este escándalo -que es culpa de Peñalosa, que Hollman Morris sube el video a pedazos, blablablá-, sobresalen los de Carolina Sanín que lo dejan a uno echándole cabeza al asunto.

carolina sanin poder cono

¿Que es la manifestación de la infantilización de la ciudadanía? Puede ser. A la larga, si vivimos una infantilización del empleado que atropella la autonomía en el espacio laboral (Richard Sennett) y una ludificación de toda experiencia que acaba incluso con la potencia natural y transgresora del juego (Byung-Chul Han), no sería difícil de imaginar que hubiéramos sido arrastraodos por esa corriente. Si bien me quedaré dándole vueltas al asunto, hoy pienso que lo hecho hasta ahora -yo hago parte de la lista de quienes critico acá y por eso escribo- es parte de la búsqueda legítima de salidas al mierdero en que vivimos. El tema es que esa búsqueda exige rigor profesional y no simple apropiación de ideas, pues este tipo de intervenciones tambalean en la delgada línea que separa la manifestación del deseo de algunos sobre cómo quisieran su ciudad y el riesgo de que esto se convierta en una forma de, como dice Silva Romero, escogerle a otros la felicidad.

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