La paz no es posible, pero voto Sí

No sé cómo osamos seguir llamándonos los unos a los otros “ingenuos”. Primero, porque en estas elecciones reina el escepticismo en ambos bandos: salvo uribistas del no o ensimismados optimistas por el sí, la gran masa que deambula por ahí y dice querer la paz, está en desacuerdo en general al menos con tres puntos: curules, los salarios de los desmovilizados y las penas alternativas. Desde allí han decidido tragarse o no “los sapos” y en consecuencia con eso dar su voto a favor o en contra de la refrendación de los acuerdos. Creo, hasta acá, que nadie está comiendo entero y que se está haciendo la tarea de echarle cabeza a la cosa. Pero sobre todo me resulta dramático creer que el otro es ingenuo y yo no, porque ambos frentes de juicio están inmersos en la misma episteme que hace, por definición, que la paz sea imposible.

Para explicarlo me remito a las palabras de uno de los más grandes pensadores del desarrollo que tiene el mundo, un manizaleño llamado Arturo Escobar: “no se puede pensar el posconflicto desde las mismas categorías que generaron el conflicto”. A saber, el desarrollo y su idea de crecimiento económico.

La episteme es aquella creencia, supuestamente intelectual, que asumimos como cierta y dentro de la cual una buena masa de personas opera. Hoy, mírese para donde se mire -sea de izquierda, derecha, centro, uribistas, paramilitares (perdón la redundancia), farocos, católicos, judíos, ateos, heterosexuales, LGBTI, el ex-procurador, etc., esa masa que se llama “occidente”-, todos hablan de conseguir el desarrollo. Creemos que el desarrollo debe llegar al campo, a los indígenas, a las comunidades afro; el desarrollo del crecimiento económico, de la riqueza y la acumulación, el que implica consumir cinco planetas en recursos para parecernos al lamentable estilo de vida estadounidense; el desarrollo que pisotea lógicas mucho más sensatas medioambientales como el pensamiento mismo de los indígenas y nuestros negros (espero no se ofendan, pero estoy peleado con la corrección política y ahí cabe lo de “afros”).

Para citar de nuevo a Escobar cuando recoge elementos de varios activistas cercanos a él, “tenemos que aprender a vivir de modo que todos podamos vivir”, y una cosa es clara: el desarrollo, el crecimiento económico de los unos implica, por definición, que haya muertos en otro lado. Silvio lo decía con plena consciencia: “soy feliz/soy un hombre feliz/y quiero que me perdonen/por este día/los muertos de mi felicidad”. Eso, para mí, ya es justificación suficiente para que, más allá del sí o del no, empecemos a mirarnos epistémicamente y ahí sí -y utilizaré las palabras de mi maestro William Vásquez que ya tan gastadas están por mí-, llegará la verdadera innovación: la epistémica.

Como dudo que eso pase –porque, ¿quién quiere dejar de percibir la vida en comodidad consumista de la actualidad?-, pienso en lo que sí podemos hacer hoy. Hoy podemos dejar de mandar gente a que se mate con otra gente. Eso es lo que podemos decidir, y si bien el escepticismo de ambos bandos me genera algo de alivio colectivo, pues siento que empezamos a intentar encontrar razones por nosotros mismos, debo decir que me resulta más sensato el de quienes deciden tragarse “los sapos”, sencillamente por una razón: la falta de propuestas concretas de los simpatizantes escépticos del no -que han de ser más bien antipatizantes-, que sólo atisban a fantasear una renegociación no sé con quién y no sé cuándo, y que podría llevarnos a un punto cero de nuevo, del cual Uprimny advierte sus riesgos echando mano de lo que acaba de pasar con el Brexit, me hace desistir de sus ideas y buenas intenciones.

La opción que veo con claridad, sobre todo haciendo justicia al esfuerzo que cada quién ha hecho hasta hoy para tomar postura respecto al plebiscito -que en resumidas cuentas se traduce en agencia, esa capacidad para tomar decisiones con un propósito-, es el escenario del Sí. Porque allí, con toda la algarabía y el aspaviento que llevamos haciendo, con lo alerta que nos encontramos gracias al escepticismo que hoy nos caracteriza, nos podremos echar la verdadera paz al hombro y creérnosla, no desde la esperanza del que se sienta a hacer fuerza pa’ que las cosas cambien, sino desde el hecho de facto del día a día, desde la vigilancia y el control que nunca nos hemos tomado el trabajo de hacer por nosotros mismos, desde una capacidad de toma de decisiones que muy seguramente, es histórica.

Claro, dígame Ud si no es posible que yo también sea un ingenuo. Créame, a veces lo pienso, pero el hecho de pensar la paz como imposible epistémicamente, me da tranquilidad por ese lado: ni por el no ni por el sí la paz estable y duradera es viable. Así que, al menos, ingenuo no me siento yendo a votar por el Sí.

 

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3 thoughts on “La paz no es posible, pero voto Sí

  1. En el mundo entero lamentablemente estamos usando mucho los prejuicios, esto es prejuzgar, en Colombia se usar para categorizar a unos como “guerrilleros” y otros como ” paracos”. Aunque esto sea, o no cierto, el hecho de involucrar un solo inocecte en estas categorías, lo hace injusto. Pero no te culpo por caer tambien en eso, porque somos influenciados dia a dia por nuestros politicos a caer en ello.

    1. Si me explica(n) a qué parte de mi texto se remiten para saber en qué punto consideran que “caigo” en los prejuicios, les agradezco. Para mí hay una diferencia grande entre el prejuicio y el estudio académico de las situaciones sociales, razón pro la cual me acerco, en este caso, a Arturo Escobar, estudioso del posdesarrollo. regio, en ese sentido, saber a quién se remite(n) Usted(es) para decir que “no me culpan por caer en eso”. Supongo que también creen en la revisión académica y que de esa manera, también tienen referentes académicos que los llevan a pensar que soy un prejuicioso.

  2. ¡SOLICITUD DE DISCULPAS!
    Tienes absoluta razón, fue un error mio. Pues por leer rápidamente los puntos que considere importantes, obvié el punto donde hacías referencia al pensador Arturo Escobar. Lamento que éstos comentarios no se puedan eliminar, si no lo haría. La próxima vez intentaré leer todos los puntos con más calma. ¡Creatorista no hace prejuicios! Y además tienes derecho a opinar lo que consideres apropiado.

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