Pequeña alternativa para “todos y todas”

Bienvenidos y bienvenidas. Como sabrán los lectores y las lectoras, la importancia de recalcar ambos géneros en cualquier evento se ha vuelto constante. Sin embargo hay algunos y algunas que se molestan mucho por esta decisión. Parecieran, aquellos y aquellas, tener algún problema más estético que reflexivo; tal vez les suena feo, les parezca un fenómeno demagógico, como dice mi amigo Andrés Páez o sencillamente no tienen tiempo para escucharlos y escucharlas nombrando algo que ya tenía una manera de decirse que aparentemente no tiene misterio, de buen acuerdo y funcionamiento, y que ahora se volvió engorrosa por capricho o resentimiento social.

Yo estoy en desacuerdo con ellos y ellas. No puede reducirse a un problema de estético ni mucho menos de estilo, y si la cuestión es frente a la probable demagogia, igual es importante pararse a revisarla.
Tiene sentido que muchas feministas insistan en aquello de “lo que no se nombra, no existe”. Y tiene mucho más sentido en una sociedad altamente machista, en donde el predominio es, no precisamente por competencias –aunque tampoco me gusta lo de la competencia-, del género masculino.

Me parece reduccionista la postura de los críticos y las críticas, y así como a ellos y ellas les molesta la forma, a mí me genera conflicto la goda falta de contenido de sus comentarios. Por eso me arriesgo a lanzar esta alternativa tratando de llenar el vacío propositivo de aquéllos y aquéllas, sobre todo para ofrecerles una posibilidad de participar de una transformación lingüística con trascendencia política.

El asunto es simple: si el grupo al que Ud. se dirige es evidentemente de mayoría femenina, cambie todos los plurales al femenino, incluso haga uso enfático del nosotras, sobre todo si Ud. es hombre. Supongo que si no tiene problema con redondear la población a masculino, tampoco es grave si lo hace a la inversa.
Claro, el crítico o la crítica dirán, resistiéndose a cambiar la elaborada estética de su lenguaje, que muchas veces no se puede medir eso. Pues bien, si no es claro, de vez en cuando arriésguese a decir bienvenidas; y si es necesario, explique por qué lo hace. Seguro eso aporta más a construir miradas distintas que su aséptica, pseudoestética y conservadora manera de hacer crítica.

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