¿Qué le dijo Jaime Garzón a su sicario?

Garzón, parece ser, fue a hablar con casi todos los que amenazaron su vida. A juzgar por la cantidad, tuvo un alto porcentaje de persuasión. Solo le faltó Castaño, pero aunque alcanzó a iniciar la gestión del encuentro, no le alcanzó.

¿Qué le habría dicho Garzón a éste último de haberlo conseguido? Ni idea.
Sin embargo hay una historia que me gusta, y es la que Edson Velandia cuenta de los instantes de semáforo previos al asesinato del 13 de agosto del ’99.

Velandia, que fue estudiante -supongo de los más interesantes- del mítico maestro Blas Emilio Atehortúa, en un relato en que pareciera querer “volver a lo bonito de la tradición oral; sin pretensiones pero con algo valioso por decir”, como atinara mi conversadora Elizabeth, y amarrado a su Rasqa -aquella fusión de carranga y rasca entre otras vainas de nuestro interior, con armonías que me antojan bastante contemporáneas- canta lo que supone Garzón le hubiera dicho a su sicario, como enlistando lo que dicen pasa por la cabeza de uno en el último instante de vida.

La canción me la compartió mi amiga Elsa Marcela, a quien se lo agradezco infinitamente, pues la posicionó como mi adquisición musical del mes y, seguramente, del semestre.

Ahí se la dejo pa’ que la lea, la oiga o juntas ambas las dos.

La muerte de Jaime Garzón – Edson Velandia

Hablábale así Garzón al que cinco balazos diole.
En motoneta el matón, en camioneta Garzón.
¿Usté conoce al general Enrique Mora Rangel
o a Plazas Acevedo, el fúnebremente célebre coronel?
A ese par yo les mandé mensaje:
“si tienen líos conmigo
maticémolos con vino como hacen los caballeros”.
¡Ay, querido pistolero,
pero son varones sin cultura sus patrones!
Nunca responden razones y tienen poca lectura.

Cómo la ve, compañero:
en esto llevo tres días,
negociando mi cabeza.

Topose así el humorista en Bogotá a su matón
en el semáforo en rojo y hablole de correrías.
Yo sí conozco, y Usté no, a sus verdaderos patrones.
Yo visité a Rito Alejo,
a ese yo le dije “viejo,
si me va a matar no me desaparezca.
Mire que a mi funeral yo sí quisiera ir,
tan siquiera pa’ tirarle las faldas al arzobispo”.
Yo pensé hacerlo reír, pero ese man no tiene gracia,
apenas largó un bostezo
y nada acató a decir.

Yo me fui pa’ la Picota
y visité al angel paraco,
jefe de nombre completo
Custodio Gaitán Mahecha.
Tal vez a esa flecha,
Usté sí la reconozca.
A él le dije que me diera una cita con Castaño,
pa’ embetunarle las botas sin tocarle la razón,
que si tiene corazón
de pronto y me vea simpático,
pero Custodio fue enfático:
“son de la misma estructura
Carlos Castaño y mi dios,
no reparan cuando aprontan
la torta o la sepultura.”

Así es la cosa muchacho:
yo hablando con sus patrones
y ahora Usté es mi patrón.

Era claro que mi humor crudo no era pa’ causarle risa
al chacal de la montaña,
el triste Vélez Uribe,
el que será presidente ya que Escobar no pudo.
Ni al que prepara paras para matar comunistas,
José Miguel Narváez
el filósofo del crimen.
Y antes que cambie el semáforo
yo le digo una cuestión:
¡ninguno tiene los huevos pa’ dispararme de frente!
Pasó pa’ verde el semáforo.
Quedó dispuesta la pista
Disparando cinco balas respondióle el pistolero:
“No necesitan los huevos,
¡pa’ eso me tienen a yo!”

Fue así que a Garzón el ánima
al alba de un viernes trece
deshízole del cuero.

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