¡Exijo mi derecho a moverme en carro!

En la noche del jueves 11 de diciembre de 2014 me disponía a hacer la apertura de la muestra Movilidad Diseñada que curamos en Creatorio para la Cámara de Comercio de Bogotá. Aquel día, que coincidió con la ciclovía nocturna, opté por ir en carro al evento puesto que debía recoger las voluminosas cajas en que algunos modelos allí expuestos habían sido llevados.

En las palabras de apertura dije que ojalá muchas personas fueran esa noche en bicicleta aprovechando la ciclovía. Aparentemente fue un gravísimo error.
Un par de meses después un amigo bastante crítico con lo que hacemos en Creatorio me dijo, palabras más o menos, “Usted fue incoherente al decir que la gente fuera en bicicleta cuando Usted iba en carro”. En principio podría decir uno que el hombre tenía razón. Pues bien, no lo creo.

Él, siendo cercano, sabía perfectamente que de cinco años para acá, gracias a mi cambio de domicilio para estar cerca de mis destinos comunes, mis recorridos han sido en un 70%, en transporte público masivo y colectivo (TM y ahora SITP) y la mayoría del 30% restante en bicicleta, caminando o en taxi; si mucho un par de veces al mes me muevo en carro. Él, mejor que nadie, debía comprender por qué lo había hecho y no cuestionarlo por defecto. Pero a veces es más fácil deslegitimar la coherencia de una persona cuando, por sus acciones, puede exigirle a uno una pizca de sensatez, que darle crédito y unirse al cambio.

Sí, usé el carro esa noche, pero considero que haber racionalizado su uso de un buen tiempo para acá -lo acepto, fui un adolescente pro carro- me otorga el derecho a hacerlo en aquellas genuinas situaciones.

Sin embargo lo más grave no es dicha neutralización, sino que la acción de ganarse el derecho a usar el carro ha tendido a desvanecerse en la cultura colombiana. El ejemplo diez está en una frase recurrente, sobre todo en la antesala a la segunda versión del año del #DíaSinCarro: “Tengo derecho a moverme en en carro, ¡no ve que yo pago impuestos!”.

Pensar que uno paga impuestos para garantizarse un derecho específico, como usar el carro indiscriminadamente, puede ser consecuencia de dos fenómenos que atacan a Colombia desde hace tiempo y que le han enseñado al colombiano que todo es comprable: la cultura del narcotráfico (por vías ilegales) y las políticas neoliberales (por vías legales… y no muy legítimas). ¿Qué tenemos como resultado? Una población convencida de que pagar impuestos es lo mismo que comprar un derecho.

Llevo tiempo diciéndole al ciudadano con carro, mediante mis escritos, que es un pésimo ciudadano cuando no racionaliza su uso, pero tengo la sensación de no haberlos tocado nunca. En cambio una vez escribí un tanto violentamente sobre una prenda de vestir que no me gusta y las reacciones no se hicieron esperar. Mi conclusión es que el colombiano se siente ofendido cuando insultan su apariencia, pero se hace el que no es con él cuando le dicen que apesta como ciudadano. Por eso hoy optaré, aunque me lluevan las críticas pedagógicas, por insultar al ciudadano con carro -a ver si al menos me echan la madre- mediante una misiva con tres afrentas categóricas:

Estimadísimos ciudadanos con carro: 

los impuestos se pagan para compensar la inequidad y mejorar las condiciones de vida de todos -¡TODOS!-, no para obtener garantías que permitan disfrutar de beneficios particulares que otros no tienen. En ese sentido, decir que uno adquiere un derecho por pagar impuestos, lo acerca más a la categoría de traqueto, neoliberal o parapolítico -aquel pseudohumano que exhibe con orgullo las dos afrentas anteriores- que a la de ciudadano. 

Los invito, entonces, a que se alejen de tan terribles insultos, a que dejen de intentar neutralizar las genuinas acciones de quienes procuramos mejorar las condiciones de movilidad de todos y a que, en lugar de seguir creyendo que los impuestos son el precio de los derechos, se unan a la ciudadanía que intenta ganárselos en su cotidianidad. Les aseguro que así, aquel día que necesiten genuinamente el carro, podrán usarlo sin estar enfrascados en el tráfico.

Por supuesto, hay mucho que exigir a las administraciones locales, pero “la madre” que en paralelo y desde este lado, tiene más sentido exigir el derecho a moverse en carro.

Att: Creatorista

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4 thoughts on “¡Exijo mi derecho a moverme en carro!

  1. Su postura siempre ah sido muy interesante a mis ojos, pero en el caso de esta publicación mas allá de opinar si la encuentro acertada o no, nace en mi una preocupación que me gustaría compartir, y es exactamente la misma situacion de la que usted se da cuenta, al proponer que siente no haber tocado nunca sus lectores, bueno primero déjeme decirle, no es cierto, pero realmente al extrapolar esta situacion a un nivel macro es preocupante y quisiera yo que fuera punto de atención, el como “sociabilizar” a la gente de una manera eficiente, por que si bien es cierto que la forma pedagógica y de ejemplo que usted como tantos otros plantean, funciona en algunos casos, realmente nuestros iguales en la ciudad se hacen los de la vista gorda e ignoran esto, pero tampoco llego a estar convencido, de que la salida, sea lo que esta semana se aplico en Bogotá como es multar a los infractores.

    realmente, me inquieta esta situacion, y se que tal vez usted y su grupo de colaboradores quizá puedan tomar un poco de tiempo para ver si lo que planteo es en alguna medida tan inquietante como a mi me lo parece.

    1. Por supuesto que lo es, Javier. Socializar estos temas es complejísimo y más lo es conseguir una acción reflexiva entre los pares. Nosotros nos la pasamos pensando en eso. Hasta el momento creemos que, como con el medio ambiente, toda acción ejecutada a conciencia, ayuda. Por eso trabajamos en varios frentes que van desde el ejemplo, pasando por la reflexión en aulas de clase sobre la noción de “ciudadanía” (soy docente universitario), hasta el diseño de estrategias institucionales y la puesta en escena de intervenciones urbanas. Las infracciones han sido parte de ese gran sistema históricamente; el problema, como creo que lo compartimos, es que sea la única instancia abordada, pero siendo una sociedad a la que le importa mucho el dinero, puede resultar pertinente (ojo, no único ni implacable). Gracias por conversar.

  2. Hola, Leí el artículo con bastante interés…aunque me ha dejado bastante desalentado, en lo personal pienso que el problema del colombiano es ser fanatico…de todo; Del fútbol, de la religión (que son las mas citadas) de los equipos, y peor aún que no se dan cuenta, de los carros, motos y ciclas. Acá el verdadero problema es que no hay un ecosistema, los de las ciclas piensan que acabar con los carros es la solución, los de los carros ven a las ciclas y motos como un problema, y las motos lo mismo con carros y bicis. Pienso que uno tiene el derecho de elegir en qué medio transportarse, el problema con los carros lo han visto por el lado ambiental, ¿qué pasará cuando lleguen los vehiculos eléctricos a este país?, ¿por que si para mí es más cómodo usar carro, pago impuestos (que no se le cobran a bicicletas y motos) soy el que estoy mal?, tendemos a criticar mucho y a vernos a nosotros mismos muy poco, critican a taxistas que se dañan carros afiliados a uber, pero los ciclistas rayan los carros o les dejan abolladuras y “culebrean” por las vías para evadir la responsabilidad del daño, adelantan por el lado izquiero, no tienen reflectores y si llega a haber un percance con un automovil se agremian entre ellos para dañar un vehículo, escupirlo, patearlo. ¿por qué tiene que pasar esto?

    Pienso que el problema radica en la cultura de la intolerancia y el fanatismo, algunos ciclistas se ven a ellos mismos como héroes en un pedestal, pero piensan que por “héroes” tienen el derecho y el deber de acabar con los otros medios de transporte, recuerden que si es de “mejorar las condiciones de movilidad” se empieza con la tolerancia, y si bien ustedes disfrutan de su uso en bici, deberìan respetar el medio de transporte que los demás quieran usar, ya tenemos héroes religiosos, futbolísticos, políticos y de transporte, que todos creen tener la razón por sobre el resto de los demás, no necesitamos más héroes, seamos tolerantes entre todos.

    1. Saludo, Unusuariodeautomóviles, y gracias por conversar (aunque creo que no será posible pues el e-mail, creo, existe para que sepa que estoy conversando y aunque me agrada el que puso y estoy también de acuerdo, supongo que habría sido útil tener el real).
      No tengo mucho que discutirle; estamos de acuerdo en términos generales. Si lo revisa, en ningún momento declaro que la bici sea el ideal o que deba estar por encima de lo demás. De hecho cuando cuento cómo me muevo, expongo que los uso todos (en ese sentido, si fuera pro-algo, sería pro-Tm y SITP). Estamos de acuerdo en que necesitamos un “ecosistema” balanceado. Pero en ese sentido, creo que la manera de combatir ese fanatismo que sumercé cita, es mediante el criterio. Si este texto existe, es criticando el fanatismo pro-carro y una de sus máximas, la cual atenta contra la existencia de un ecosistema: el considerar tácitamente el pago de impuestos como el pago por tener un derecho que implica un impacto drástico en los demás.
      Si de algo debo ser culpado como “fanático”, es de creer en las acciones políticas. Es decir, en las que la conciencia del otro, del colectivo, es primordial. Ahí, saber cuándo y cómo debo dar uso del carro es fundamental.
      Sin embargo seguramente tendré que trabajar en revisar ese fanatismo eso pronto.

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