Un esfero de grado

¿Primera comunión? Tenga una pluma Lamy. ¿Confirmación? Tenga un bolígrafo Parker. ¿Universitario? Tenga un estilógrafo Shaeffer. ¿Cumpleaños? Ahí está el bolígrafo Lamy Pico -muy agraciado, el condenado. ¿Posgrado? Sí señor, también hay esfero para la ocasión.

Pero esta vez no es el de marca, el elegante o el pirata wannabe, que también ha habido. No, no, no. Esta vez es uno con mucho menos estilo que el de sus antecesores, menos nombre y menos popularidad. Sencillamente es el que yo más quería.

Hace unos meses, hacia final de 2014, me atreví a recomendar regalos para diseñadores de oficio. Éste no estaba en esa lista. Más bien había entrado a una lista de deseos porque no había podido conseguirlo, en parte, porque nadie se ha interesado en traerlo a Colombia -o al menos no alguien que yo conozca.

Se trata del ballpoint, bolígrafo o esfero predilecto del exvicepresidente de diseño corporativo de Renault, el brutal Patrick Le Quement, creador, entre muchas otras genialidades, tanto del exitoso Twingo -el primero, no el caribonito simplón actual-, como del espléndido Vel Satis, fracaso rotundo en ventas.

Soy fan absoluto del Bic, pero una recomendación indirecta de un sujeto que admiro tanto no podía pasar desapercibida. Así que indagué en el mercado local pero al no encontrarlo y en los enredos del cierre de la maestría, terminé pasándolo por alto.

Lo bueno de mi pésima memoria, como siempre, fue la sorpresa de la cual fui presa cuando mi novia apareció el día del grado con el bicho aquel. Sí, un esfero más en una celebración más, pero de ninguna manera un esfero cualquiera. De hecho es viva demostración de cómo hacer inmensamente feliz a un diseñador como yo.

No es más bonito ni estilizado que el Lamy Pico -no me tomen por grosero; si alguien lo tenía claro era precisamente mi novia- y quién sabe si logre desbancar la delicia de trazo de mi preciado Bic. Pero sea cual sea el resultado, lo fantástico es sentir que le han regalado a uno algo bajo esa incertidumbre; sentir que el regalo es para probar y no garantía del resultado.

Como imaginarán, no he parado de rayar con el tiesto ése en estos días, y como la cosa pinta tan interesante -literalmente-, volveré a las delicias de ese gran regalo para luego contarles qué tal le fue frente a los dos contrincantes ya mencionados. Así podré decir si vale la pena que le pasen casualmente este post a su pareja, pa’ que les dé accidentalmente la sorpresita el día del grado. O la próxima semana.

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