La Teletón y la caridad conmigo

Hace exactamente un año escribí esto sobre La Teletón. Pocas críticas hubo por ese momento. Más bien un montón de post/tuits/etc., emocionales al respecto. Hoy he visto más reacciones interesantes (sobre todo esta de quienes se supone son sus directos beneficiarios: http://www.las2orillas.co/no-mas-teleton-presidente/) y por eso me atrevo a compartirla de nuevo con una ligera revisión sobre la anterior.

2 de marzo de 2014 – publicado en Facebook

Esta entrevista (http://www.vanguardia.com/actualidad/colombia/201344-teleton-va-en-contravia-con-la-realidad) junto a los varios estatus de facebook y los trinos en twitter alrededor del apoyo a Teletón, del llamado de quienes tengo como contactos en las redes -gente sensible al tema de las discapacidades-, me hizo pensar varias cosas que considero importante revisar pues creo que hay material para reflexionar.

La Caridad

Encontré varias raíces de la palabra caridad: la primera está en “las virtudes teologales” (que son 3: caridad, esperanza y fe), aquellos hábitos “que Dios infunde en la inteligencia y en la voluntad del hombre para ordenar sus acciones a Dios mismo”. La caridad es, pues, la “virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”.

Por otros lados, caridad proviene del latín charitas  que quiere decir “afecto”, pero también, de un “préstamo literario del griego” al latín, hace referencia a “las Gracias” (atractivo, encanto, belleza, etc) y por último (sin decir que son las únicas raíces), con respecto a las gracias, habla de la gratitud.

Veo esas raíces y me cuesta más trabajo entender de dónde la caridad terminó siendo lo que es hoy porque dudo que sea amor al prójimo, afecto por el prójimo, gracia del prójimo o gratitud con el prójimo. Hoy, pareciera, la caridad es algo que tiene que ver conmigo. Con sentirme bien.

La Ciudadanía

Actualmente trabajamos en la Tadeo en un proyecto estudiantil con niños que tienen problemas de visión. Los estudiantes a cargo, lejos de plantear un modelo asistencial, están divagando alrededor de cómo hacer que los niños (con capacidad visual óptima) que conviven con aquéllos, mejoren su nivel de interacción  y así comprendan las limitaciones y posibilidades del reto de vivir en comunidad como diferentes. En una hipótesis rápida, me atrevería a decir que si esos niños (los de condiciones de visión óptimas) tuvieran una comodidad económica medianamente aceptable, o si los estudiantes no tuvieran la posibilidad de preguntarse más cosas, en las dinámicas de nuestra sociedad, todos solucionarían su problema de interacción con la creación de una fundación o con una donación antes que con una acción ciudadana.

La condición de ciudadanos lleva a un compromiso de transformación en el espacio público o en la cotidianidad, en donde todos nos encontramos. Una condición que la caridad no sustituirá jamás, pero por la cual es sumamente sencillo intercambiar y que venimos alimentando como forma de pugnar la inherente intención de acumular capital. No digo que sea el caso de quienes escribieron al respecto, pues de los que noté, puedo decir que son personas sensibles al tema, pero creo que la situación actual de Teletón da para cuestionarnos un poco. Teletón, la Caminata de la Solidaridad por Colombia, entre otros casos populares, junto a las enemil fundaciones de “caridad”, aportan algo, sí. Pero difícilmente fomentarán la ciudadanía si, por un lado, siguen haciendo sentir bien, en paz con la sociedad, a muchos de los que generan inequidad por acumulación exacerbada (o incluso aún a quienes desde las clases medias y bajas, tienen como meta de vida la clase alta) al donar una porción de su capital que no les significa riesgo alguno y les permite seguir por el camino de la ambición sin poner en juego sus comodidades (las materiales, claro está, pero sobre todo, la de no tener que cambiar su comportamiento en el espacio público, que representa la “ruptura de la zona de confort” más fuerte); y por el otro, si sigue cubriendo la posibilidad de actuar en la cotidianidad para disminuir las brechas de inequidad que son una realidad en la calle gracias a la increíble capacidad que tenemos de separanos de la raíz de los problemas.

La Teletón

Ahora, leyendo el texto que comparto, pienso que la cosa es aún más específica: ¿qué está haciendo Teletón por la integración? ¿Sigue instalada en modelos de asistencialismo, al igual que familias en acción, por ejemplo? Porque acá criticamos los subsidios que se dan en Venezuela a las familias en franjas de pobreza y la poca generación de empleo que allá se ha venido dando, pero nos alegramos por sacar de las estadísticas de pobreza, con un aporte mínimo, a pocas de las muchas familias colombianas que viven en miseria, aun cuando nunca salgan del margen de vulnerabilidad por no tener autonomía, sabiendo que al terminar el programa regresarán a donde empezaron. Y, en consecuencia, ¿qué está haciendo uno por la comunidad, realmente, si le dona a una institución como Teletón que tiene una visión bastante asistencialista y retrógrada de la problemática? Seguramente uno se siga sintiendo bien (¡porque cómo hace sentir bien donar dinero, regalar ropa vieja, etc.!)  pero su distancia con la transformación, francamente, cada vez será mayor si, primero, cree que la caridad es una buena solución y, segundo, si es caridad por medio de una institución como Teletón.

Si Usted es de quienes se siente bien aportando a Teletón o a cualquier fundación, pero en la cotidianidad sigue sin cuestionarse su ciudadanía, es a Ud a quien le hablo (aunque seguramente U tratará de mirar al lado para señalar a otro porque, como en la drogadicción, el alcoholismo y otros tantas adicciones, el primer paso -y el más difícil- es reconocerlo). Y aunque la pregunta sea dolorosa, recuerde por qué querían tanto en algunas zonas de esta tierra a Pablo Escobar, a Gacha o a Álvaro Uribe: porque le daban plata o una asistencia directa a la gente (con recursos que les sobraban) para que creyeran solucionados sus problemas, mientras en sus proyectos personales estaba el desplazamiento, la guerra, las drogas, etc., cosas que creo acordamos todos son nefastas para la sociedad). Claro, uno no lo hace por reconocimiento, poder o simplemente porque le agradezcan; pero complica aún más la intención de reflexión, creer, con una suerte de plus moral otorgada por el anonimato, que uno lo hace desinteresadamente y que éso lo diferencia a uno de ellos.

Teletón y la televisión

Por último, con respecto a cómo se ha insensibilizado nuestra sociedad ya que hace 25 o 30 años ver la Teletón era plan familiar y ahora quienes lo ven son cantidades mínimas de colombianos, puedo decir que si no reflexionábamos alrededor de lo que hace Teletón cuando teníamos pocos canales de televisión en nuestros televisores y verla se volvía la única opción, difícilmente reflexionaremos hoy sobre eso y menos aún sobre lo que planteo, cuando tenemos decenas de canales (internet y smartphones) por dónde huirle a la realidad.

Adenda (1):

Algún amigo insiste en que todos somos egoistas pues hasta el más altruista ayuda por sentirse bien consigo mismo. Le veo sentido a lo que afirma, pero eso no erradica mi preocupación. La situación acá está relacionada con el sentido político de la acción “caridad”, puesto que se asume suficiente y aparentemente libera de la responsabilidad ciudadana.

Adenda (2):

Un montón de celebridades que respetamos socialmente participan en este evento, pero a la vez son muestra de nuestra poca capacidad de reflexión respecto al actuar ciudadano y político.

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