Agencia íntima

(Banda sonora de escritura y si Ud quiere, de lectura: Kings of Convenience – Quiet is the new loud)

El pasado jueves 16 de octubre, luego de haber celebrado con Gabriel y Rodrigo, mis amigos de toda la vida y hoy socios en Creatorio, nuestro Día Occidental de Labor-to Laboral, un día en que le quitamos tiempo la jornada laboral para recuperar lo que tradicionalmente nos ha quitado –conversar sobre lo que fuera, en consecuencia pensar, leer algo del Malpensante y/o David Graeber, jugar tute, etc.-, llegamos a mi apartamento a dejar las cosas que habíamos usado, en compañía de dos amigos de la casa: Camila y Daví.

Comimos arepa con salchicha y queso, tomamos jugo de lulo y terminamos conversando. Así es, una vez más. Daví no se fue sino hasta la media noche cumpliendo, sin planear, lo que queríamos con la acción: conversar. Hacerlo, lejos de los términos productivos, el chisme del día a día e incluso de la intervención del día, lo hizo genuino. Conversamos como no lo hacíamos en años y así Daví expuso sus puntos con respecto a lo que habíamos hecho en el día, pues no está de acuerdo con la forma en que obramos con relación a las intervenciones urbanas. Su pregunta central, al menos como yo la escuché, fue por qué tener que mostrar lo que uno hace, lo que uno piensa, e intentar venderlo como las demás estructuras hegemónicas nos son vendidas. Para él pierde validez la acción a la que, más allá de lo genuino que sea el sentir o la reflexión que la impulsa, se suma la intención de mostrar. Para mí, por el contrario, por encima de eso está la necesidad de ponernos, unos a otros, en tensión con respecto a lo que pensamos.
Como es obvio, y tal vez necesario, al final predominaron las preguntas sobre las conclusiones. Seguramente ninguno convenció al otro del todo, pero sí nos pusimos en tensión por unas buenas horas. Y con esas preguntas me quedé para lo que ha pasado en estos días.

Ayer, viernes 24 de octubre, en la ya acostumbrada sesión de intercambio documental con Alfredo y Andrés, mis compañeros de triada en el Curso para Proyecto de Grado que acompañamos en la Tadeo, Alfredo propuso un video: la charla TED de Natalie Jeremijenko sobre el arte del cambio de mentalidad ecoambiental. La charla es sumamente exquisita y la forma de hablar de esa mujer es impresionantemente envolvente, pero de todo lo que compartió, una conclusión se hizo máxima en mí: “Lo que la crisis ambiental nos ha revelado es una crisis secundaria, subrepticia y más generalizada: la crisis de agencia”. Este término, que es de mis favoritos y que me hace recordar con recurrencia las acciones de Pablo Calderón, ha sido crucial para lo que vengo construyendo. Tener la virtud de obrar es algo que, en efecto, parece estar desapareciendo con el tiempo. Humberto Maturana piensa que tiene que ver con que en nuestra formación escolar –y familiar, a la larga-, a diferencia de la impartida a mediados del siglo pasado, ya no hay instrumentos para que los niños operen su realidad inmediata, sino para su futuro; en ese sentido, no sabemos cómo lidiar con lo que nos pasa día a día.
Tenemos una gran cantidad de ingenieros que saben resolver dilemas productivos de altísima complejidad, científicos encontrando curas a enfermedades nuevas consecuencia de nuestros mismos actos, arquitectos que pueden dotar de altísima tecnología espacios habitables para el futuro… ¡pero cómo nos cuesta saber qué hacer cuando alguien tira un papel a la calle, cruza un semáforo en rojo o es violentado en nuestro sistema de transporte público! Estamos tan preocupados por nuestro futuro que nos incapacitamos para operar la cotidianidad, que es en donde se da el real bienestar.
Ésta, por ejemplo, es una de las reflexiones que he intentado llevar a espacios como 100en1dia o asignaturas a mi cargo en la Tadeo como Movilidad y Estilo de vida, pues en el afán por construir una intervención para aquel único día al año o para el trabajo final de la clase, puede estar pasándose por alto que es más relevante actuar en los otros 364, un día a la vez.

¿Qué hacer, entonces, si de alguna manera le doy la razón a Daví en cuanto a lo de hacer por mostrar, pero a la vez me angustia nuestra crisis de agencia? Le llamo, por hoy, agencia íntima. Razones para no actuar en el espacio público hay más que la que menciona Daví: vergüenza, temor, impotencia, no saber qué hacer e incluso la apatía del espectador en la cual a varias de las razones anteriores, se suma el hecho de repartirse, entre quienes presencian una situación de riesgo para alguien, la responsabilidad de no hacer nada para ayudar o evitarlo; de esa manera se consigue sentir menos culpa conforme aumenta la población espectadora, aun cuando se pueda saber con claridad que era necesario actuar.

La apatía, por tanto, no es únicamente una situación de desinterés sino que también afecta a quienes quisiéramos poder hacer algo, que por cierto creo que somos muchos más. Por eso, mientras encontramos cómo atacar todas esas justificaciones a la apatía para erradicar parte de la crisis de agencia en lo público (Jeremijenko) y a la vez no jugar al exhibicionista de buenas acciones (Daví), propongo que construyamos agencia íntima. Que en la cotidianidad que nadie ve, la no expuesta, la de la habitación, la ducha, la cocina, etc., agenciemos lo que esté al alcance de nuestra consciencia y no tenga que ver con mostrárselo a otros: no tirar aceites por el sifón para no contaminar más el agua; hacer la tarea de separar en fuente; dejar de vez en cuando McDonald’s y Burger King para hacer sus propias hamburguesas; hacer jugo en lugar de comprar sus falsos homónimos en el supermercado; tomar agua de la llave; construir su propia huerta de tomates; la honestidad; acercarse a los amigos y la familia; etc.

Sé que este texto, así como las ideas que Daví me compartió, también cae en una suerte de exhibicionismo (quien escribe más que Daví, por supuesto), pero creo en la necesidad de compartir opciones entre quienes estamos interesados en el cambio de mentalidad. A la larga, si no conocemos una opción, no podemos decidirnos por ella, y a más opciones, mejores decisiones podemos tomar. En ese sentido, no creo que sea pecado exhibir ésta, pues ni es dictatorial, ni espera mantenerse inmodificable en el tiempo. Sencillamente espera ser retroalimentada o entrar eventualmente en las decisiones para la acción de otros que aún no la tuvieran en su abanico de posibilidades.

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