Carta a Lenny y Vladimir: dos abstencionistas por convicción

Queridísimos,

 Los he leído con atención. He visto sus posturas ante las últimas elecciones y no puedo evitar compartir en parte su escepticismo, pero vengo de una travesía desesperanzadora y macabra que me obliga a escribirles;  de un viaje oscuro y determinista, tenebroso y violento que me lleva a buscarlos: vengo, precisamente, de stalkear uribistas.

 Mis hallazgos son obvios, nada que otros no hayan visto antes, pero no dejan de ser escalofriantes y, sobre todo, de atentar contra nosotros: los que hacemos comunidad en la diferencia.

No soy santista (de hecho dudo que exista esa corriente de pensamiento), pero definitivamente no me produce miedo como lo hace Uribe. De hecho los colombianos en general no me producen miedo que venga de su inclinación política, pero cuando la extrema derecha está en el poder –ya la vivimos- se les infla la camisa y mi sentimiento cambia. Una cosa es admitirlos a ellos como diferentes siendo iguales (opositores), otra muy distinta cuando, desde el poder se consideran referente.

 A Ustedes dos los he visto hablar/escribir de ciudadanía del mundo, de genuina autonomía, de ver a los demás como iguales, entre otras cosas. Créanme que, aunque con matices, lo comparto, sobre todo lo de la transformación pendiente que nos debemos como comunidad; ésa que nos compete como ciudadanos. Sin embargo, aunque no se crea en las instituciones, en la democracia, en el voto mismo, si dejamos que la extrema derecha regrese al poder, personas que se consideran libres, como Ustedes,  en 8 años tendrán que vivir en el exilio para poder hacer lo que creen que hoy logran por sí mismos –si bien, como señala Vladimir, la tendencia a derecha del mundo empieza a disminuir esos espacios. En eso sí somos iguales, porque es de esa diferencia que nos hace tener algo inalienable en común que creo que nos compete tomar la decisión de ir a las urnas el domingo.

 Mi interés no es entrar en debate con ustedes, pues respeto lo que piensan y no me interesa cambiarlo de raíz, pero sí sé cuánto valdría un voto de un abstencionista en estas elecciones (por demás que, al tener a las dos maquinarias en contienda, la única seguridad que tenemos hoy es que nuestros votos sí serán contados) y por eso aspiro a que me lean (ustedes o algún abstencionista más) y lo consideren. Los invito porque estoy convencido de que Colombia puede reponerse de 4 años más de Santos, pero jamás lo hará de 8 años más de Uribe.

 Por último, no sé si leyeron la confusa columna de William Ospina acerca de su visión de las elecciones. Veo un dejo de coherencia entre lo que ha venido construyendo desde su visión de la historia de Colombia al decir que Santos hace parte de la misma clase dirigente que siempre ha mantenido a la gran mayoría de colombianos bajo el conflicto, pero comparto con José Zuleta (hijo de Estanislao) algo que temo que suceda a quienes tienen por discurso construido -o sentido- la abstención. No lo digo de manera retadora, créanme por favor, pero les pido que estén seguros de que la vanidad acerca de sus posturas no les impedirá tomar una decisión consciente. No les digo vanidosos -sé que no lo son- pero todos los que venimos en construcción, por pequeña como nosotros o larga como la de Ospina, creo que corremos el riesgo de dejarnos llevar por ella en momentos cruciales como éste. A la larga por eso no le escribo a los más grandes vanidosos –los uribistas-, sino a Ustedes –y de paso a todos los abstencionistas: porque, por lo que conozco, tienen más de razón que de dogma y, como poéticamente dijo Ana Cristina Restrepo, “Ustedes, los desilusionados, son nuestra última ilusión”.

 

Un abrazo enorme a los dos y mil gracias (ojalá no ingenuas) por haberse tomado el tiempo de leerme.

 

Cristiam

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2 thoughts on “Carta a Lenny y Vladimir: dos abstencionistas por convicción

  1. Gracias Cristiam … hace mucho que nadie me dirigía una carta… al menos no hablando sobre mi postura electoral, el mundo debería ser de aquellos que como Ud. atienden con atención cada murmullo. Lo cierto… es que he sentido; no una sino muchas veces ese escalofriante y absurdo frío repleto de contradicción (muchas veces anticipado y condicionante frente a postura diferentes a la mía), hace ya un par de años lucho constantemente contra lo que en tu escrito llamas “vanidad”, hoy tengo más claro que nunca que mi proceso de construcción apenas empieza, que mi palabra no es autoridad (me preocuparía si lo fuera, me sentiría fascista) y con la humildad que quienes me conocen saben que no tengo y el orgullo de saberme imperfecto; hoy me niego a caer en las trampas del indeterminismo, hoy mis deseos están untados de paz, de rojo y negro anarquista… pero de ese rojo y negro que clama la hermandad más que la asociatividad, ese rojo y negro que se proclama a través del respeto a la palabra y a la opinión… hay cosas en mi que nunca cambiarán: mi postura frente al fútbol (aunque a veces lo disfrute… cuando el sentir de hermandad y de admiración hacia el otro me reclaman lo indeterminado de mi postura en ciertas circunstancias), y mi negación absoluta a creer en un sistema democrático basado en la falsa representación y apoyado en columnas e instituciones absurdas e incoherentes. Aun así, y tras lo últimos acontecimientos que afectan el territorio al que pertenezco (la mayoría corroídos de simbolismos y sentimientos de apropiación de la tierra, lo entenderán como su país… Colombia), me veo obligado a despojarme de mi mismo en pro de la paz y la armonía de quienes me rodean y de quienes vendrán después de mi. Mi postura anarquista y anti institucional continuará siendo innegable, pero ante la desesperación de quienes sabemos y hemos visto el actuar de las derechas, y aterrorizado frente a la invasión ya global de las ultra derechas… ambas impregnadas de guerra… y acompañadas siempre de su actitud despreciable ante la vida… he decidido participar (sin orgullo alguno) del circo (su circo, el que ustedes han permitido) con la esperanza de que el gobierno venidero esté un poco más cercano al lado del corazón y me continúe permitiendo lanzar ofensas e improperios contra quien esté en el poder, sin negarme el derecho a vivir en paz y ver vivir en paz a mis semejantes. Si, voy a votar… y si… votaré por Santos… el Santos que hoy paradójicamente representa la ilusión de quienes no están sentados a la diestra… espero algún día sentirme orgulloso de lo que voy a hacer

    1. Creo que, después de todo, tenemos más similitudes de las que creía. Ya había leído esto hace tiempo, pero había pasado por alto agradecer la respuesta. Y la decisión.
      Sigamos, pues, construyendo vida por los lados que dominamos, dudando de las instituciones pero reaccionando ante estas coyunturas.
      Abrazos mil, viejo Vladimir.

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