Recuperar la cultura ciudadana perdida

Algo para empezar a recuperar la cultura ciudadana perdida

Subo y bajo en facebook buscando sin buscar: veo monjas aparecer sospechosamente en “The Voice”; a Petro y lo que dijo no sé quién; las vaginas más hermosas del mundo; una virgen en un trocipollo; a Santos y lo que dijo de Petro; videos que “han hecho llorar a miles”; caballos domados por indios sin dañarlos (recomendado); a Uribe del lado de Petro para dañar a Santos; doscientos veinticinco selfies; fórmulas vicepresidenciales que asustan La Educación, etc. Pero justo cuando la desesperanza está a punto de alcanzarme por no encontrar algo realmente trascendental, aparece aquello en el muro de mi viejo amigo Juan.

No sé por qué lo abrí. Juan sencillamente lo posteó; sin comentarios, con pocos likes, casi imperceptible y con un título cliché, pero apareció: “Un chico lleva a su novia blanca a una barbería en Harlem y esto sucede”.

El Video

Ésta es la escena: una actriz negra/afro/de color (escoja el término con que se sienta más cómodo. Si no está, reemplácelo pero procure no molestarse) corta el pelo de un sujeto negro/afro/de color mientras le coquetea a otro negro/afro/de color; la novia del otro negro/afro/de color entra y resulta ser blanca/caucásica/de otro color. La actriz se indigna y empieza a despotricar de las blancas/caucásicas/de otro color y del criterio del otro negro/afro/de color por estar con aquella mujer. En ese marco, y con toda la parafernalia propia de la cámara escondida gringa, “¡esto sucede!”

(Si sumercé ve el video, el resto del texto cobrará sentido)

Supongamos por un momento que las reacciones de las personas son genuinas, que no son actores y que el trabajo estratégico de la cámara escondida es espléndido. Supongamos que así es. ¿Qué veo yo? Ciudadanos que han pensado mucho tiempo sus problemas (por “pensar” no quiero decir “emitir juicios”; yo sé que hay problemas diferenciando esas dos actividades. Por pensar entiéndase preguntarse, cuestionarse, tomarse en serio).

Pensar

A finales del año pasado, con el revuelo causado por la muerte de Mandela, llegó a mí un gran ejemplo de ese “pensar”. Creo yo, tal vez ingenuamente porque no soy un experto en el tema de Sudáfrica, que el perdón fue fundamental en ese conflicto para poder avanzar como sociedad.

La preguntadera de Mandela, hacia él mismo la mayoría de las veces, debió llevarlo a dilucidar que la única vía viable era el perdón, que era necesario pasar al siguiente capítulo dejando atrás los rencores para poder aprovechar aquel momento en que muchos actores del conflicto tenían la voluntad de cambiar. Mandela seguramente fue de los primeros en preguntarse qué hacer ante su condición y ese preguntarse, junto a las respuestas que sabiamente supo formular, ha trascendido por todas partes. Aunque las escalas son muy distintas, veo que algunas de las personas del video llevan formulándose preguntas similares por un buen tiempo.

En la escena hay dos tipos de personas: unas que asisten al espectáculo sin tomar partido y otras que responden activamente a la tensión de la situación. Las segundas debieron haberse preguntado muchas veces acerca de su papel en la transformación de la sociedad, sobre todo ante la presión ejercida por diversos tipos de agresión en su condición afro. Los argumentos, la vehemencia sin agresión, el no dudar en el momento de intervenir, es algo que dudo francamente pueda salir de alguien que no se ha cuestionado.

Las primeras, por el contrario, presenciando los hechos y estando en desacuerdo con la agresión, no hicieron nada más que callar. De éstas dudo francamente de su capacidad de reflexión. Dudaron, no supieron qué hacer e incluso justificaron su silencio con un comportamiento que alegan es políticamente correcto. Sea cierto o no, a eso yo le sumaría una probable vergüenza o el temor al rechazo (o al no apoyo) a sus opiniones, entre otras cosas que pueden haberlos hecho optar por la pasividad.

Cuando uno se ha preguntado mucho sobre algo, cuando ha especulado, cuando ha recorrido diversos escenarios en los que uno sea un actor con poder de transformación, no hay por qué callar las reflexiones a las que ha llegado. Para mí es un sinsentido, sobre todo cuando se sabe que algo incorrecto está sucediendo.

Por eso creo que hay algo de este video que a los bogotanos (tal vez colombianos) nos cae como anillo al dedo: en los últimos meses los escándalos por abuso sexual en Transmilenio han sido sumamente recurrentes, pero lo que más me ha escandalizado es que en las declaraciones de las mujeres abusadas, siempre se resalta que ellas dijeron, avisaron e incluso gritaron pidiendo apoyo de quienes estaban en el tumulto sin encontrar ningún tipo de ayuda: ni agresiva, ni pacífica, ni verbal, ni gestual… ¡nada!

Desde mi conjetura –que espero poder desmenuzar a profundidad-, la cuestión es clara: nadie hace nada porque, aunque saben e incluso sienten que está mal lo que está sucediendo, no saben cómo reaccionar; no saben qué decir, ni cómo decirlo; no se han preguntado por el tono, el volumen, ni si las groserías aplican o no; no saben si dirigirse al agresor, al agredido o pedir apoyo conjunto; no le creen a la fuerza ni a la violencia, tampoco a la ley ni al escarnio público, pero aunque estén en desacuerdo con lo que suceda, al haber pasado una vida sin preguntarse al respecto, pueden caer en la falsa apatía o en la agresión.

La pregunta ciudadana

¿Qué pasaría, entonces, si todos nos preguntáramos con cierta frecuencia qué hacer si un evento con el que no estamos de acuerdo se presenta en el espacio público?

Mi hipótesis es que todos nos convertiríamos en la señora que alienta a la mujer blanca/caucásica/de otro color; en el hombre que trata de hacerle ver que no todo es ojo por ojo; o en la increíblemente lúcida mujer que maneja la situación de una manera que, llego a creer, habría funcionado aún si las mujeres en discordia no fueran actrices. Es decir, tendríamos un plan que nos ayudaría a actuar pero, sobre todo, con criterio.

Mi hipótesis es que el preguntarse con tiempo, reduce los riesgos de estallar en violencia y contra-agresión.

Pero la pregunta no es sólo para el caso del abuso sexual u otros eventos extremos que, por supuesto, requieren atención. También es útil para saber qué hacer cuando alguien tira un papel al piso, cuando se sientan en la articulación del bus que va lleno, cuando se hacen los dormidos para no ceder el puesto o cuando alguien necesita una silla y no hayuna voz que le dé una mano.

Esto último porque, a la larga, la pregunta es útil para reparar en uno mismo y en su comportamiento habitual.

La Propuesta

En principio quiero proponer algo para quienes han trabajado conmigo en proyectos como Agentescultóricos, 100en1dia, Objeto y Comunicación (UJTL), Observatorio de Movilidad (UN), ¡eepa! y Creatorio, pero si lo lee alguien más y quiere ponerlo en práctica, bienvenido sea.

La primera parte consiste en instalar esa pregunta en la cotidianidad de cada uno. Preguntémonos todos los benditos días qué hacer ante todas esas situaciones (robo, separación en fuente, abuso sexual, colarse en la fila, tirar un papel, no recoger lo que hace el perro, no pagar transmi, hacerse el dormido, ayudar al anciano a encontrar silla, parquear frente al paradero del SITP, etc.); miremos qué podemos hacer sin comprometer nuestra integridad ni la de los demás, procurando evitar los brotes de violencia al máximo. Empecemos a construir alternativas personales de control ciudadano, aquello que Mockus tanto insistía como el segundo nivel de regulación de la ciudadanía: eso que no puedo regular de mi propio comportamiento, habrá otro ciudadano que intente hacerlo.

Y como dice la entrenadora en diversidad del video cuando le propone a la mujer negra/afro/de color que le dé la mano a la blanca/caucásica/de otro color, la cosa no es de preguntarse para hacerlo ya mismo; es más de preguntarse ya mismo para que las respuestas, simplemente, puedan llegar. Sí, “algún día”.

La segunda parte es tener el “derecho moral” de invitar a más gente a hacerlo. Ya siendo yo un sujeto de preguntas constantes, interesante procurar que más gente se pregunte por el qué hacer ante las cosas que los afectan. Eso es todo.

La tercera peude ser, algún día, encontrarnos todos a contarnos las estrategias o simplemente hacerlas parte del mundo virtual… ¡qué sé yo!

Cierre

Estoy convencido de que muchos ya lo hacen, pero saben bien que creo en señalar lo que muchos suponen obvio, sobre todo para darnos cuenta que somos muchos los que lo ejecutamos.

Así que, en resumidas cuentas, preguntémonos para prepararnos para el momento en que debamos poner en práctica nuestra ciudadanía efectiva; creo que ése es un claro propósito de todos los proyectos en que nos hemos metido para procurar un cambio ciudadano.

Espero no ser muy ingenuo al pensar que ésta es una posible vía para recuperar la cultura ciudadana que todos hemos sentido se ha venido perdiendo.

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